jueves, 15 de abril de 2010

Soledad, muerte y amor

Mariposas en el estomago… esa sensación, ese sentimiento enaltecido que hace que no deje de pensar en ella, en su ojos, en su cabello, en su tono de voz, en sus palabras, en sus locuras, en todo… mariposas en el estomago, mariposas tan bellas que se posan suavemente en mi estomago, que con agitar sus dulces alas llenas de espinas me hacen sentir ese dolor que me atormenta y siento morir, llegar a la agonía, al límite de mi resistencia, siento desmayar, ya no deseo despertar, una ilusión me llevo a mi autodestrucción, ¿cómo fui tan ingenuo? ¿como creí que podría encontrar el amor con alguien que su corazón le pertenece a otra persona desde hace mucho? ¿acaso ya no existe alguien virgen de corazón y alma? debo entonces bajar la cabeza, derramar esas lagrimas que siento que quema como acido dentro de mis ojos, que atraviesa la suave capa de mi corazón que ya no puede aguantar más este dolor, te introdujiste en mi de una manera en que dependo de ti pero me haces daño, es un sentimiento pasajero pues ya se han dado otros iguales y el tiempo borra sus huellas como el mar borra las pisadas en la arena, lo sé, pero mi sentimiento lo expreso aquí y ahora para terminar con el dolor, para terminar con el sueño, la fantasía, la idiotez, y mi lógica vuelva, pues, de que sirve tener un corazón que jamás será correspondido por nadie? mi camino es la soledad… mi camino es mi mas mortera fobia… y yo, humildemente, debo de aceptarlo… así como acepte esa droga, pasajera que te hace llevar tus sentidos a límites inimaginables, pero después del frenesí, vienen las consecuencias, por eso es que… llego el fin, mi corazón ha de morir mientras mi esencia se ha de consumir como la vela que alumbra en la penumbra de la noche mientras las mariposas lo desgarran con sus aleteos elegantes y certeros con gran pasión…

He muerto… pero he de resucitar